Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene.
José Julián Martí y Pérez

esta es la escuelita multigradio en la que hice las vías no formales, primer y parte del segundo grado.
Cuando era niño mi pueblo me parecía grande. Imagínense que solo tiene pocos más de 500 personas, más pequeño que la universidad en la que estudio ahora, y para mí era el mundo. Cuando me hablaban de lugares que no conocía, pensaba en lugares extraños con gente diferente y me quedaba pensando siempre cuando mi mamá me hablaba de calles, avenidas y edificios y aviones.
Ahora cada vez que recuerdo esas cosas no puedo sino reírme de mi ingenuidad de niño. Recuerdo que no tenía muchos juguetes: trompos, bolas y un avión viejo que quedó de los famosos Básicos y dirigidos y que mi hermano no destruyó en sus juegos eran el grueso de mi ludoteca. Tal vez de ahí venga mi “poca habilidad para el deporte” que padezco en la actualidad.
Mi mayor placer era sentarme a la 6 y 30 de la tarde a ver en el Electrón que teníamos en casa los Muñequitos rusos y otros que pasaban, y hasta repetían, sin falta todas las semanas: Me las pagarás, Lolek y Bolek, Voltus 5, Los Gatos Samurais y otros. Ver artículo completo »

Por Raúl Alejandro del Pino Salfrán
Alberto Manuel León Pacheco










