El eterno retorno

(…) vuelvo los ojos, miro,

me veo y toco

y me pregunto cómo ha podido ser.

Nicolás Guillén (Tengo)

Por: Bruno Hernández Blanco

 Hoy es un día más en el almanaque. No se conmemora fecha especial alguna pero para este servidor constituye el renacer de una nueva vida, un espacio donde el decir se convierte en arma para defender aquello por lo que tantos y tantos han luchado.

Soy cubano, joven, del siglo XXI y con un montón de ideas en mi cabeza que difícilmente podrán ser aceptadas por un grupo de personas ancladas al poder y temerosas de que un día venga alguien a decirles que deben cederle su espacio a otra generación más fresca y acorde a los tiempos que corren. Tengo que lidiar día a día con este tipo de seres que, a veces de manera autómata, prefieren quitar de su camino a un loco y empujar a un batallón de bobos sin pensar en las consecuencias que podría generarle esto a una sociedad tan compleja como la nuestra, que pide a gritos una transformación fecunda, eficaz y urgente. Por eso he decidido hoy retomar algo que comencé hace unos años atrás: escribir para mi Cuba con un solo objetivo hacer de ella el país que todas y todos queremos vivir y que hemos soñado desde pequeños.

Hoy es un nuevo día para este servidor. No importan ya las consecuencias que tenga que asumir cuando los incrédulos del mejoramiento humano de Martí descubran cada línea que salga de mi mente y prefieran hacerme callar antes que dialogar para darse cuenta que los del problema no somos nosotros, que la culpas no pueden caer más al suelo, que el bloqueo/embargo no puede ser más justificación, que el pueblo necesita decir lo que piensa sin preocuparse porque el otro sea agente de la Seguridad del Estado, que nuestra prensa tenga la libertad de criticar revolucionariamente (y no desde la hipocresía revolucionaria) todo aquello que en verdad afecta a nuestra Patria, que pensar diferente no sea un delito y que no haya que pedirle permiso a un jefe inmediato superior para decir tal o mas cual asunto de interés público. Hoy me sumo a la causa de cientos de cubanos y cubanas que desde sus modestos espacios aportan a la gran nación que siglos de historia han fraguado y consolidado en un país que se merece seguir luchando por sus sueños y aspiraciones.

Esta causa es la misma por la que Céspedes se alzó en armas; por la que Maceo juró frente a una cruz ante su madre; por la que Martí dedicó horas a comprender que existen dos Patrias: Cuba y la noche; por la que Mella dio su vida contra la tiranía y por todos esos héroes y heroínas que desde su silencio más cómplice deseaban el cambio en Cuba y el poder en manos del pueblo.

Solo quedar seguir desandando este duro camino que hoy retomo. Enfrentaré las consecuencias de cada palabra que diga y mientras tenga la oportunidad de hacer mío un discurso en favor del país que habito pondré empeño y el resto queda de su parte, estimado lector.

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