¿Crisis de valores en Cuba? Tres opiniones

bandera cubana manos/supercubaComo nos tiene acostumbrados, la revista Temas realizó su espacio de debates Ultimo Jueves con el tema central ¿Valores en crisis?. A raíz de dicho encuentro me han hecho llegar algunas opiniones de profesores universitarios que a traves de email han compartido sobre el asunto, luego de la “provocación” de Duzán Avila con un corto email. Super Cuba reproduce estas interesantes palabras de jóvenes profesionales del periodismo y la Sociología. Los autores son Anagret Mederos (Socióloga) Luis Emilio Tobar (sociólogo) Duzan Avila (Sociólogo) y José Raúl Gallego (Periodista).

Duzan Ávila:

En muchas cosas se podría equivocar Carlos Marx pero en esta acertó, como bien
citara alguna de las intervenciones; “primero techo, ropas y comida…después arte, política, religión”. ¿Crisis en los “valores”? No, la crisis está en “la vida”, “la cultura”, “el modo de reproducción material de la existencia”. Este, es el generador de aquellos valores.
En una definición escueta: valores, serían los `aquellos prototipos ideolóico que rigen las formas de convivencia social, que por cuya “valia”, en función de la realidad, se institucionalizan en una sociedad histórica dada. Si aquella “realidad” generadora cambia, ¿cómo pedirle a sus cultivadores no cambiar con ella? Leo este tipo de reflexiones (de algunos declarados marxistas por cierto) y pienso en una frase que le dijera el expresidente William Clinton a su
oponente, en un debate durante su campaña electoral: ¡es la economía estúpido!. Antes que el pensamiento (ético o económico) está la vida, en la acepción más biológica del término. Un indicador de la existencia de civilizaciones está precisamente en su el desarrollo “cultural”, simbólico alcanzado. Por cuánto se han logrado separar el hombre (con el conocimiento como herramienta), de la dependencia directa del elemento natural en la manutención de esta “vida” o existencia, biológica. De aquí, que en una inversión de la ecuación, veamos sociedades menos “civilizadas” (más carente de valores) donde el acto mismo de “existir” es problémico y accidentado.
Entonces, ¿cómo pedirle “valores” a un pueblo cuya supervivencia “individual”(no digamos ya social) de sus elementos se realiza en condiciones tan adversas? Aseguremos primero lo necesario y vital (alimento, ropas, y techo) teniendo por medio del trabajo decente y justo, y luego, desde el ocio necesario y reparador, pidamos un rato de reflexión social acerca de cómo ser mejores éticamente. este es un criterio, cada cual tenga el suyo.
un abrazo a todos.

Anagret Mederos:

Por dónde empezar????
Estoy de acuerdo que la raíz de todo está en que nuestros ciudadanos estamos tan imbuidos en nuestra limitada, angustiante y siempre crítica realidad que nos olvidamos de las cosas esenciales o en otras palabras: estamos tan ocupados y
estresados en la forma que es muy difícil que le prestemos atención a la esencia. Pero la esencia es dialéctica, está viva y ante tanta dejadez se mueve y se transforma a partir de los desmanes de la forma.
Es muy difícil ser honesto, altruista con la barriga vacía o lo que es más frustrante con la barriga de los que dependen de ti vacía. Eso es muy difícil, porque si hay un discurso que el hombre ha aprendido bien es el de que la vida es una sola y que no hay mucho margen para enmendar las metidas de pata (con esas se viven, se superan o se arrastranpero pocos podemos corregirlas). También es muy difícil ser humano (en su sentido filosófico que implica ser justo, honesto, equitativo) cuando la lógica social que impera es incoherente con esto, cuando es tan naturalizado a todos los niveles el darwinismo social…
Ahora voy a ser un poco de abogada del diablo: y quienes construyen los valores??? Se votan en asambleas o congresos??? (una de las expresiones más ridículas de la participación es decir que tenemos que consensuar los valores que queremos), no es expresión de hegemonía decir que determinados valores están bien o están mal??????
No son los valores expresiones de las sociedades que los fundan y/o los legitiman??? No entiendo esa cacareada crisis de valores, para mi suena igual que cuando surgió la Ilustración y tantos la llamaron herejía y aunque no los comparta, estos son los valores que nuestra sociedad ha consensuado y ha decidido que son los que valen e importan y para eso no ha ido a asambleas, simplemente los ha aceptado como naturales y los ha legitimado. Además, una sociedad no solo tiene que tener un único sistema de valores, muchos grupos pueden tener diferentes sistemas de valoresdetrás de la pretendida universalidad se puede esconder mecanismos de dominación y poder. Aquí también la cuestión es de aceptación, tolerancia (para los que están tan anquilosados que no pueden aceptar) y convivencia. Y que me disculpen los psicólogos: los movimientos de resistencia no se logran a niveles individuales, si no te gusta lucha, enfréntate, protesta pero si quieres triunfar busca compañeros de viaje porque desde un lugar individual vas a lograr muy poco. Iguales un criterio Besos, Ana

José Raúl Gallego:

Pienso que los valores no son algo de lo que puede hablarse ni trabajarse en abstracto, los valores tienen utilidad, tienen que servir para relacionarnos y desarrollarnos en la vida, de lo contrario, estaríamos ante la imagen de un Quijote
idílico, voluntarista y estático que lucha inútilmente por defender una quimera. Por
suerte, no es así o al menos no lo pienso así pues soy de los que creen en un grupo de valores universales que no son privativos de un contexto político ni histórico y que aunque mutan con el tiempo mantienen su esencia. Esos valores curiosamente los menos trabajados pues han quedado subsumidos a la sombra de los grandes valores son por lo que deben lucharse pues no solo es que siguen siendo útil, sino que son el camino para cualquier mejoría social. Estoy hablando de la sinceridad, el respeto a quien lo merece, la honestidad, la valentía, la solidaridad (no solo entre países, sino entre seres humanos), el pensamiento crítico (a mi entender también un valor), la justicia, todos ellos presentes aunque de diferentes maneras y en diferentes medidas, en cualquiera de los sistemas de pensamiento que albergaron en sí algo de revolucionarios. Valores imprescindibles para desarrollar algo muy importante de lo que ya hablaron los teóricos de Frankfurt y que muchas veces olvidamos: la razón objetiva, esa que nos permite vigilarnos epistemológicamente a nosotros mismos, y cuestionar los fines que perseguimos y los medios que ponemos a su disposición, precisamente en función de esos valores.
Respecto a la influencia de la economía, sería demasiado idealista negar su
importante influencia en cualquier aspecto de la vida social, sobre todo si tenemos
en cuenta que el éxito o la felicidad depende de la confluencia tanto de aspectos materiales como espirituales. Y lamentablemente la influencia de la economía en los valores se torna mucho más creciente cuando los jóvenes vemos que precisamente los patrones de éxito en nuestra sociedad muchas veces no tienen que ver con la práctica de los valores que les enseñan en la escuela y que por el contrario, muchas veces las personas que encarnan esos valores, se convierten en el prototipo del fracasado social que no es capaz de adaptarse a la nueva dinámica. Como escribió el Maestro en una frase a la cual siempre nos han escamoteado el final:
Ser bueno es el único modo de ser dichoso, ser culto es el único modo de ser libre pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Ahora, tal y como le explicó Engels a Boch en la famosa carta de 1890, la economía influye, pero no determina y buscar en ella solamente las causas de los problemas sería una solución que tiene tanto de determinismo económico como de facilismo. En primer lugar porque a nivel ideológico y de política social existen otras causas que debemos tomar en cuenta y que no están DETERMINADAS DIRECTAMENTE (uso las mayúsculas con toda intención) por la economía, y en segundo lugar, porque la cultura como reservorio simbólico es un mecanismo social que puede contribuir también a disminuir los efectos indeseables de los tiempos en que no todo marcha como quisiéramos y si subordinamos todo a ese aspecto: ¿para qué nos sirve el raciocinio y la capacidad electiva?

Cuando digo que en el plano ideológico también se ha fallado, me refiero a que los valores no pueden ser trabajados de manera aislada por la escuela y mucho menos de manera independiente en un turno de cuarenta y cinco minutos dedicado a la formación de valores (por favor) , pero tampoco desde un trabajo político ideológico insuficiente que queda solo en la parte discursiva y que no es capaz de lograr mediante acciones participativas la formación real de esos valores.

¿cómo aspirar llegar a grandes valores como el antimperialismo, la solidaridad, el altruismo, cuando no somos capaces de mantener una conducta decente, cívica, cuando decir lo que se piensa puede convertirse en un problema ideológico, cuando desde pequeños aprendes a que hay cosas que se hacen porque hay que hacerlas aunque todo el mundo conoce que no sirven para nada, cuando el día de la visita la escuela está más limpia que nunca, cuando aprendes que las críticas hay que hacerlas en el momento y el lugar oportuno y tanto ese momento como ese lugar siempre son cambiantes y escurridizos, cuando un día te decides pararte en una reunión y cantar las cuarenta y todo el mundo te deja solo y para colmo cuando llegas a la casa tu padres te piden con todo el amor del mundo mijo, no seas tú el líder, y una lista interminable de situaciones que todos hemos vivido en algún momento determinado.

Estamos en una época de cambios, en la cual una forma de gobernabilidad (y no solamente un sistema) está llegando a sus límites y está reproduciendo lo mismo que ha sucedido siempre que se llega a esa situación. No es solo que se están sustituyendo una serie de valores por lo que algunos llaman antivalores, sino que están (re)surgiendo otros que aunque para algunos moralistas sean muestras de decadencia, son en realidad la génesis de un renacer, una pizca de optimismo y curiosamente están surgiendo en los lugares que menos se esperan.

Cuba no está aislada en el mundo y creo que cuando se habla de crisis de valores o pérdida de valores no podemos buscar todas las culpas mirando hacia afuera, hay que mirar, y mucho, hacia nosotros adentro. En estos momentos nos encontramos pagando, por decirlo de algún modo, los resultados de contextos sociohistóricos desfavorables y los errores (justificados o no) que se cometieron espoleados por esas situaciones y otras que por inercia, se siguen cometiendo.
Fue un error confundir instrucción con educación, fue un error catalogar de moral burguesa o pequeñoburguesa, algunos de los valores que coexistían con ella, fue un error descuidar el papel de la familia como célula fundamental de la sociedad. Pero lo más importante, y creo que es allí donde radica una de las contradicciones
fundamentales que debemos resolver en la actualidad: la participación real. Como dice un spot de la televisión, los valores son como el músculo, necesitan del ejercicio para desarrollarlos, y las lógicas verticalistas que han regido en nuestra
sociedad por mucho tiempo y que ligadas a otros factores han provocado que la participación sea más formal que real, es una condición que sin dudas impide el desarrollo de valores imprescindibles para una sociedad que tiene y debe de erigirse como alternativa.
Es la gran preocupación con la liberación de la propiedad privada sin propiciar otras formas más participativas en medio de una sociedad que no puede hablar de libre competencia y con una sociedad civil no acostumbrada a auto-organizarse en
grupos de consumidores o algo por el estilo. ¿A dónde lleva el aumento del trabajo contratado unido a los problemas antes descritos? ¿ No aparecen cada más las soluciones individuales cómo la solución a todos los problemas? ¿Y no es el exceso de individualismo y de pragmatismo lo que está en la base de todos los antivalores que hoy se repudian? Las sociedades son sistemas complejos y no podemos pensar que pueden resolverse los problemas sin tener en cuenta las
relaciones que se establecen entre los distintos agentes y procesos. Lo que puede resolver por un lado, puede hundir por otra si no se tienen en cuenta políticas para mitigar los efectos indeseables.
La solución al tema de los valores: no creo que pueda salir de una persona, ni que ocurra de la noche a la mañana, pero solo poniendo en práctica colectivamente y con acciones estos valores puede empezarse a andar. Y partir de nosotros mismos, muchas veces grandes teorizadores en abstracto, pero que en la vida cotidiana nos volvemos almacenes de pequeños odios, de recelos, de envidias aisladas, de pensamiento sectorializado y caudillista que trasmitimos a nuestros estudiantes y a todo aquel que nos escucha con atención, con lo cual no contribuimos a ese propósito de una sociedad mejorar (más allá del slogan) Y lo otro, dejar claro que la lucha no es contra lo diferente, sino contra aquello que limita al hombre en su libertad, en su desarrollo y sobre todo en su condición de ser social.

Luis Emilio Tobar:

El mío, el timba, el consorte, el Duzan, desde las incontables posiciones ideológicas que compartimos, me permito aquí discrepar con el sentido global de tu última reflexión.
Quiero compartirte mis razones con ánimo de dialogar.
Lo primero es una interpretación del materialismo histórico de Marx, que si bien se halla ampliamente extendida no tiene basamento en el sentido real de las tesis marxianas, o al menos es reduccionista.
Esa interpretación de la tesis de que el hombre piensa como vive, y no vive como piensa, tiene su origen en la carencia de un análisis contextual de lo que entendía Marx por vivir y lo que entendía por pensar. Ambos términos de esa tesis fueron malentendidos y en consecuencia la interpretación siguió otro curso.
En el ambiente intelectual alemán de la época, la conciencia, el pensar, no era la subjetividad, según como la entendemos hoy, aunque habitaban en ella. Eran las grandes producciones intelectuales humanas cristalizadas y sistemáticas que intentaban dar cuenta de alguna arista de la realidad: la filosofía, la religión, la ciencia, la ética y la política (como sistemas de ideas) la ideología, le estética, en incluso otras producciones sociales menos sistemáticas pero también cristalizadas y compartidas socialmente como la moral social o la cultura de un pueblo. Para el idealismo alemán ellas eran el fundamento de la sociedad y el motor de la historia. Hegel llegó a pensar que el ser humano no era más que la encarnación de la síntesis de todas ellas: el espíritu absoluto.
El giro de Marx consiste en anteponerles lógica e históricamente (estos dos adjetivos son importantes pero no puedo detenerme en ellos aquí)a la vida, el ser social las condiciones de existencia de los seres humanos, lo real, la praxis, y más grave aún (me refiero a que suscitó más deformaciones) las condiciones materiales de vida o la materia a secas .
Pero a lo que Marx se estaba refiriendo realmente, y que está muy claro en el primer capítulo de La ideología Alemana y en las Tesis sobre Feurbach, es a la actividad humana como objetivación de su subjetividad y subjetivación de la objetividad (la praxis), la cual se traduce en el establecimiento cotidiano de relaciones sociales entre sí y con la naturaleza.
Esta perspectiva planteó innumerables dificultades al pensamiento marxista, pues resulta que la cacareada materia, la materia histórica, es un intangible: no es cosa externa, dimensión física de la realidad, objetividad separada de la subjetividad. Y solo así aparece, en su obviedad, lo irrefutable de decir que esas grandes producciones espirituales están condicionadas por el modo de vida de una sociedad en un momento histórico determinado. Cómo nos relacionamos, cuál ha sido nuestra trayectoria de vida, cómo son nuestras prácticas y los procesos subjetivos que la hacen posible, condiciona/es la fuente de las cosmovisiones con las que intentamos explicarnos establemente lo que nos rodea. Es por eso que los sistemas de ideas se parecen a su época, o por ejemplo que las ideologías de un determinado sujeto clasista aun cuando tengan pretensión de universalidad están permeadas por la posición que ocupa en el sistema de relaciones y su peculiar trayectoria de desarrollo personal. Más claro aún: si surgió el individualismo como valor del pensamiento burgués fue gracias a los procesos de individuación de la subjetividad y las prácticas que trajeron consigo la ruptura de los lazos comunales, la proletarización, urbanización y secularización de la sociedad, durante el alumbramiento de la nueva época. Como mismo se puede decir, dialécticamente, aunque haya sido el lado más descuidado por Carlitos, que ninguno de esos procesos prácticos se hubiera podido desplegar, generalizar y consolidar sin ser calzados por el sistema de valores, una nueva cosmovisión estructurada que le diera sentido.
Ahora bien, llegando al meollo que nos ocupa, los valores, como construcciones ideales cristalizadas, compartidas socialmente, transmitidas de generación en generación, fenómenos estables en el tiempo, hacen parte de la conciencia, de el pensar. En la discusión que se dio en Temas, sobre la que reflexionas, y en tu propia reflexión, se mezclan dos aspectos que no son exactamente lo mismo aunque están muy relacionados: una cosa es las conductas negativas, y otra los valores negativos. Sin embargo, si los valores no se expresan en conductas no logran realizarse y quedan como meras aspiraciones, sueños, y si no hay valores detrás de las conductas que las organicen y les den sentido se quedan en el mero instintivismo que no es propiamente conducta social. Ellos son un combo, pudiéramos decir. Es por eso que en este tipo de debate (aunque al tema se le nombre crisis de valores) lo que interesa realmente es buscarle una explicación a la generalización de conductas/valores considerados negativos o no por quienes hablan.
Así, la tesis subyacente a la que realmente nos ocupa, es que las posibilidades de reproducción física de la existencia, a las que tiene que enfrentarse un conjunto de seres humanos pertenecientes a una sociedad en un momento histórico-concreto, consideradas en términos de facilitadoras u obstaculizadoras, condicionan (aquí no estoy diciendo todavía que lo hagan en un sentido o en otro) sus valores. Con esa tesis estoy totalmente de acuerdo; de hecho es legítimamente una de las conclusiones del materialismo histórico, si bien no la única, lo cual sería reduccionista.
En cambio la tesis concreta que debatimos aquí, es una toma de partido de la anterior: que cuando hay carencias materiales se empobrecen los valores y predominan las conductas negativas, y que sólo es posible una mejoría ética una vez se hayan superado esas carencias.
Desde mi punto de vista esto no constituye una tesis marxista, y aunque no fuera reivindicada como tal, es una idea cuestionable de todas maneras. Hay que establecer primeramente una diferencia entre estar condicionados y estar determinados. En eso consiste una de las peculiaridades del ser humano, en su capacidad de crear, de ser activo, de ir más allá del determinismo de las circunstancias. A ello apunta sin dudas la idea marxiana de praxis, actividad humana, la particular dialéctica de lo contingente y lo necesario que reivindica para los seres humanos. En ese sentido, los múltiples condicionantes a esa actividad identificados por Marx deben ser vistos como tendencias o factores que nos presionan en un determinado sentido pero con relación a los cuáles tenemos en última instancia posibilidad de respuesta. Ya veremos más adelante las múltiples respuestas humanas producidas a lo largo de la historia ante el hecho objetivo de la carencia material.
El materialismo histórico abre otra puerta para la complejización de ese determinismo. Las posibilidades para la reproducción biológica de la existencia, como defendía más arriba, no constituyen el único elemento mediador en la producción de nuestros sistemas de ideas. Ellas hacen parte de las (más amplias) condiciones de existencia que influyen en la manera en que nos constituimos como sujetos. Más bien son una manifestación de esas condiciones de existencia. Sí, efectivamente, el que nos reproduzcamos con mayor o menor comodidad es en gran medida un hecho socialmente producido (con la excepción de otros casos como vivir en una isla sin petróleo, o los indígenas americanos que no disponían de caballos ni vacas, o los que viven en un desierto escaso de agua, o nacer en una isla volcánica del pacífico sin tierra fértil para desarrollar la agricultura)
Por tanto el factor más creativo dentro de esas condiciones, donde radica nuestra fuerza productiva (otro concepto maltratado que no quiere decir otra cosa que nuestra capacidad de crear) no es el hecho objetivo de no poder hacer esto o aquello, estar obligado a vivir mejor o peor, sino la actividad humana envuelta en ciertas relaciones sociales, condicionada por el medio natural, que produce la carencia o la abundancia y también las reacciones a ellas, en términos de valores y prácticas.
En el caso de Cuba no se trataría exactamente de cómo las carencias han ocasionado el empobrecimiento moral, eludiendo los factores mediadores, sino de cómo ante esas carencias hemos desarrollado subjetividades y prácticas individualistas, enajenadas, deshonestas y violentas en lugar de otras solidarias, politizadas, movilizadoras, honestas y constructivas, una posibilidad que siempre está en el escenario gracias a nuestro carácter activo, y que han logrado realizar muchos grupos humanos a lo largo de la historia. La clave está en entender que la realidad no es algo dado sino que se va tejiendo constantemente; no es, sino que está siendo. La sociedad no es algo dado de una vez con leyes necesarias, es una creación histórica que ofrece múltiples posibilidades todo el tiempo, a la vez a que tiene sus condiciones de posibilidad. (Marx se dedicó a ambas cosas, y a su conexión). Y si no, qué decir de los zapatistas en México, de los campesinos del Movimiento de los Sin Tierra, los obreros argentinos desempleados que ocuparon las fábricas en la crisis del 2001, los que organizaron barrios enteros en la periferia de Buenos Aires cuando no tenían ni alcantarillado, los ingleses pobres que inventaron las cooperativas en el siglo XIX? ¿Acaso estaban pasando menos trabajo que los cubanos? Pasaban más trabajo, tenían más pobreza, eran excluidos sistemáticamente y pudieron haberse entregado a las reglas del sálvese quien pueda, los indígenas asimilarse, los campesinos emigrar a la ciudad, venderse como fuerza de trabajo o mendigar, los obreros desempleados entregarse al alcohol y sin embargo decidieron (la libertad de decisión de la que habla Sartre como definitoria) desobedecer la presión de la miseria, preservar sus valores, potenciar los perdidos, movilizarse, organizarse, poner primero las reglas del apoyo mutuo y el sentido de colectividad, salvar sus identidades campesinas, indígenas, trabajadoras y luchar por una sociedad más justa, ya no solo para ellos, para el resto de la nación y los seres humanos en general. Como dijo Engels en algún lugar, la pobreza es potencialmente revolucionaria. Esto les ha planteado un dilema ético y político, que no suele contemplar el planteo tradicional de el hombre piensa como vive: cómo producir ese bienestar material que necesitamos sin contradecir los valores que defendemos, ¿cómo librarnos de la escasez mediante prácticas liberadoras, sin dejar la ética para después? ¿Cómo integrar coherentemente la producción del bienestar material con la inclusión, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad ambiental? No podemos postergar el momento revolucionario para cuando obtengamos ciertas condiciones materiales, sin entrar a considerar los medios de que nos valemos, el momento revolucionario es ahora, aquí, en la caliente, en la crisis, y también después, cuando pensemos que lo tenemos todo resuelto. Tan importante es garantizar la subsistencia como la forma en que nos organizamos socialmente para lograrlo, los valores que expresa y los efectos de esas prácticas con relación a nuestra constitución como seres humanos.
Pues, créeme, los medios son tan importantes como las fines, al punto de que podemos buscar ese sujeto ético y nunca llegar, pues los medios conducen en otra dirección: aquí de nuevo Carlitos, ya no de forma objetivista: nuestras prácticas condicionan la forma en que se organiza nuestra mente y nuestros afectos, y ellos de vuelta a nuestras prácticas. Si para producir el bienestar nos relacionamos de manera competitiva, enajenante, individualista, consumista, excluyente y depredadora, produciremos valores de igual calidad, los cuales orientarán prácticas similares en otros espacios sociales.
Es por eso que si en algo estoy de acuerdo contigo es que los clásicos llamados a conciencia y estímulos morales a que apostaron los socialismos históricos como el cubano para producir el nuevo sujeto, no iban a conducir a ningún lugar; pero no tanto por la escasez, que sí es un factor de presión, como por la naturaleza de unas relaciones sociales que no eran coherentes con esos fines ni consolidaban esos valores. Un sistema basado en la jerarquía, el paternalismo, el autoritarismo, el liderazgo mesiánico y el adoctrinamiento no puede producir otra cosa que pasividad social, desmotivación, irresponsabilidad con los procesos colectivos, que son asunto del superior, enajenación, baja creatividad intelectual, desentrenamiento total en la participación democrática, rutinización y vaciamiento del sacrificio por la causa social, y, aunque cree lazos de solidaridad al eliminar la competencia entre los ciudadanos rasos, concentrándola en las escalas de poder, ellos también son rotos a la postre por la desesperanza y la desmotivación, que tienen una fuerza atomizadora extraordinaria. De hecho, no podemos decir que la RFA y la URSS de los ochenta tenían muchos problemas materiales y sin embargo mostraban en gran medida ese cuadro moral.
Una última cosa quería resaltar y es la diversidad de posiciones ideológicas y de estrategias políticas compatibles con la tesis de primero el techo y después la moral, a secas. Sé que no son las tuyas, pero a los efectos del discurso público uno puede contribuir a la consolidación de esas posiciones sin buscarlo. En Cuba como en el mundo, la economía se entiende como producción de cosas y no de relaciones sociales ni de seres humanos. El tema es entonces lograr ese determinado bienestar, sin entrar a evaluar necesariamente los cómo. Así, la realización de las personas, la ética, la justicia, la libertad, la democracia, la solidaridad, se dirimen fuera del ámbito económico, y la economía viene a servir más bien como su soporte material. Se relaciona con los primeros esencialmente en el momento de la redistribución, momento posterior al propiamente productivo. Es un enfoque que comparten el capitalismo y el socialismo histórico, igualmente economicista. No es nada de extrañar que Clinton haya llegado a la misma conclusión que ese marxismo economicista en su frase es la economía, estúpido¡; como esas hay una gran saga por esta orilla: necesitamos desarrollar primero la base productiva para la nueva conciencia, el principal problema de Cuba es económico, y China es Socialista porque redistribuye.
Las tesis marxianas van por un camino radicalmente distinto. Se parte de que mientras producimos bienes y servicios también nos producimos como sujetos y (re)producimos un determinado sistema de relaciones. Por tanto, la ética, la justicia, la libertad, la democracia y la solidaridad, también se dirimen ahí y se busca en coherencia producir democráticamente, solidariamente, con justicia desde el modo en que producimos sin separarlo del modo en que distribuimos , considerando la dimensión ética en la conducta de los actores económicos. Así que la lucha del socialismo, como le gusta decir a mi amigo Julio César Guanche, tiene que ser el pan y la libertad, juntos. Esto es particularmente crítico hoy en Cuba, y por eso quise terminar con esta reflexión. La misma idea de el techo primero y después la moral, que no especifica en los medios para lograr el techo, está sirviendo hoy en Cuba para legitimar la necesidad del capitalismo en conseguir el pan, mientras deja al Socialismo la función de hacer la justicia por fuera de la economía.
Lo peor el mío, es que si sacamos a la moral del potaje, si la dejamos para después, nos quedamos desarmados en esta lucha.

Aquí termina mi reflexión el mío, son un conjunto de ideas que me venían rondando la cabeza hacía rato y ahora sentí la necesidad de arrojarlas al papel, estimulado por las tuyas. Espero tus opiniones que estoy seguro enriquecerán las mías y en general el intercambio nos habrá servido para repensar unas cuantas cosas y aprender otras.
Un abrazo.
El Luisi.

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3 comentarios en “¿Crisis de valores en Cuba? Tres opiniones

  1. recuerdan los comentarios antes de las peliculas,muy profesionales pero nadie las entendia,se aprovechaba este tiempo para preparar el cafe o alguna chucheria a lo que los eruditos llaman sandwich,lo importante venia despues que es lo que vive todo el mundo en el dia a dia,la verdadera pelicula,unica en el mundo,tan nacional como el mojon de negro,la limonada o la sopa de gallo,lo importante es que para todos y con cualquier tipo de expresion CUBA ES Y SERA PARA LOS CUBANOS

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  2. Creo que cada uno desde su punto de vista ha expresado verdades y otras no muy verdades, con algunas concuerdo, con otras estoy en descuerdo. Por que en buen cubano, se puede hablar mucho de subjetividad, objetividad, individuo, ser social y fuerzas productivas, pero lo cierto es que en la realidad actual de Cuba, la cuenta no da, asi de simple, no da, por ningún lado que se mire. No se trata de si socialismo o capitalismo, porque en mi muy modesta opinión, en Cuba no existe ni el uno ni el otro. Existe eso si una minoria elitista que vive muy bien y una mayoria que lucha a diario, apenas por su sobrevivivencia. Por lo tanto es el juego de quien le pone el cascabel al gato. Creo que si dejamos un poco a Marx y etc y nos ponemos a pensar objetivamente en el dia a dia, tendremos mejores soluciones y propuestas. El ser social e individual, no se crea por decreto, y seguimos cometiendo empecinadamente los mismo errores y lo peor, no se quiere aprender con ellos. Definitivamente hay cosas que para que funcionen tiene que haber un borron y cuenta nueva, porque al final de la historia, o todo el mundo rema parejo o el bote se hunde. Esta es la simple conclusión filosofica de los que andamos a pie y que conste, con los pies bien puestos sobre la tierra

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