¿Buena muerte?: autonomía o resignación

eutanasiaPor Dainerys Torres Núñez y Claudia Borrero Báez (estudiantes de Periodismo)

Laura tiene 18 años. En plena flor de juventud le diagnosticaron un cáncer terminal. Ya el médico no podía revertir la situación, solo estaba a su alcance suministrarle los fármacos que aliviarían el dolor cuando este se apoderara de su cuerpo. La muchacha conocía las experiencias de pacientes como ella, tenía plena conciencia sobre el sufrimiento que opacaría una vida de felicidad.

Aunque al comienzo Laura no dejó de cumplir con sus rutinas, en las noches la atacaba el insomnio y la única idea que acariciaba su mente era la forma de no sufrir, no de sentir dolor. Fue entonces cuando recordó una conversación de sus amigos acerca de la eutanasia. El significado del término llegó a ella tan claramente como sacado de una enciclopedia.

El ambiente familiar en la casa de la joven era perfecto, sus padres se empeñaron en proporcionarle un entorno agradable y en la medida de lo posible, feliz. Una mañana, en el desayuno Laura hizo un comentario que dejó a todos sin palabras:

-Quiero tener una muerte digna, el derecho de disponer de mi existencia. Quiero liberarme y liberarlos de mis daños. Cuando esté en cama padeciendo dolores insoportables quiero recibir ayuda para anticipar mi muerte.

¿EL DERECHO A MORIR?

Con el avance de la medicina las incógnitas acerca de la vida y la muerte han dejado de reflejarse como un misterio. Todos celebramos la concepción de una nueva vida, la llegada de un pequeñín a la familia. Contrario a ello la tristeza invade los hogares cuando se produce el fallecimiento de un ser querido. En ocasiones la muerte aparece de manera inesperada pero en muchos casos se evidencia como algo previsible.

En los casos donde la muerte se presenta de forma diagnosticada, a causa de una enfermedad terminal o irreversible, el paciente evita sufrir, sentir dolor o convertirse en una carga para sus familiares. Actualmente en varios países hay tendencias favorables a la práctica de la llamada buena muerte, la muerte digna, sin dolor. Estas calificaciones corresponden a la etimología de la palabra eutanasia, que no es, como muchos piensan, un comportamiento de la sociedad moderna.

 Según estudiosos del tema esta conducta se asume por razones humanitarias ligadas al sufrimiento provocado por la presencia de una enfermedad incurable, una lesión grave o un evento que proporciona un enorme dolor físico o moral. Para que la eutanasia sea catalogada en sí es necesario que el paciente solicite su práctica en plenas condiciones mentales, de lo contrario se incurriría en el homicidio por parte de los ejecutantes.

El “derecho a morir” se manifiesta de diversas formas: activa, pasiva, directa, indirecta y otras. Aunque varían en su aplicación siempre se recurre al mismo fin: alcanzar la muerte evitando el sufrimiento. Los defensores de la eutanasia esgrimen la necesidad de disponer sobre la vida propia con plena autonomía. También abogan por suprimir malestar, desgaste emocional y monetario a la familia.

Los conflictos acerca de la eutanasia encierran consideraciones éticas, morales y jurídicas. Dentro de estas se recurre al Código hipocrático que plantea: “Jamás proporcionaré a persona alguna un remedio mortal, si me lo pidiese, ni haré sugestión alguna en tal sentido (…). Viviré y ejerceré mi arte en santidad y pureza”

Cabría preguntarse si es sostenible dicho código en la sociedad del siglo XXI cuando países como Holanda y Australia, asumen la eutanasia como una práctica legal y en otras naciones aparecen movimientos a su favor.

En Estados Unidos de Norteamérica las asambleas promueven la aprobación legal de proyectos de ley a favor de la “buena muerte”. En las ciudades de Washington y California los movimientos pro –eutanasia solicitan por votación mayoritaria convertir el matar al paciente, en un procedimiento legalizado, de carácter médico y no criminal.

La realidad mundial revela que la mayoría de los países no aceptan las prácticas eutanásicas; no obstante, en otros se han despenalizado y legalizado, así como Estados en los que, a pesar de no tener cobertura legal, mantienen movimientos sociales que presionan a los gobiernos y Parlamentos de modo que se introduzcan en la legislación nacional determinadas regulaciones respecto al tema. Ejemplo evidente de esta última posición lo constituyen Dinamarca y Alemania.

eutanasiaEn el Estado de Obregón, de EEUU, el suicidio asistido es aplicable a enfermos terminales. En Francia, pese a que se condena dicha práctica, contradictoriamente se autoriza a interrumpir un tratamiento empleado en enfermos terminales para provocar su muerte. Bélgica ha seguido de cerca las leyes holandesas y el Senado admitió que bajo condiciones rigurosas los médicos podrán ayudar a morir a un paciente sin constituir un delito.

Por su parte, en Gran Bretaña, los médicos aprobaron la eutanasia desde 1999; esto generó una fuerte controversia. En otros sitios como España, el suicidio asistido está prohibido, pese a que algunos médicos lo admiten como una realidad en la práctica.

En países latinoamericanos como Colombia se dio el sí a la eutanasia y en tal sentido se provocó una división de esa sociedad. La Corte Suprema de Justicia de esta nación determinó la licitud de este proceder en caso de que un paciente solicite al médico una muerte rápida.

 Holanda constituye, sin dudas, el ejemplo más dinámico en torno al tema, en tanto experimenta, renueva y ensaya fórmulas novedosas, dando prioridad al derecho de la libertad de decisión en todos los órdenes sociales y culturales. Fue el país que dio el primer paso en el sentido de legalizar la eutanasia bajo condiciones rigurosas, pues el enfermo debía solicitarla y reiterar su petición de forma consciente. Además, un requisito indispensable era padecer de una enfermedad terminal o irreversible.

UNOS DICEN QUE NO, OTROS DICEN QUE SI

La idea del sufrimiento, de una muerte lenta, progresiva e irreversible, se ha convertido en una amenaza ajena al propio proceso vital del ser humano cuando en realidad se trata de la finalidad natural de una vida. Para los profesionales de la Salud, la discusión gira alrededor de la tensión entre los imperativos éticos para aliviar el padecimiento –particularmente en pacientes terminales quienes desean finalizar sus vidas con una “muerte digna”–, y la proscripción legal contra la participación del médico en el control de una vida.

El doctor Juan Orlando Roura Carrasco, Especialista en Segundo Grado de Medicina Interna y Medicina Intensiva y Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, de la ciudad de Camagüey, como parte de la comunidad médica cubana, ofrece su criterio acerca del tema:Hospital Manuel Ascunce Domenech, Camagüey, Cu

La eutanasia, ni siquiera etimológicamente, significa lo que es porque de buena muerte no tiene nada. Nosotros siempre hemos considerado que la razón primordial del médico y de la medicina es salvar a las personas. Primero es curar, y si no se puede curar, alivie, si no se puede aliviar, consuele. Si el médico busca la manera de no salvar a las personas, iría en contra del principio básico de la razón de ser de la medicina”.

Sobrados ejemplos demuestran lo difícil que es para una familia tener a uno de sus miembros en un estado de salud terminal. Sin embargo, al menos para los cubanos, es mucho más doloroso que ese padre, abuelo o hermano deje de estar entre nosotros. A pesar del dolor, del sufrimiento, es inadmisible por la mayoría de la sociedad cubana que un médico quite la vida a un paciente aunque este lo haya solicitado.

La dinámica de su trabajo le ha permitido al doctor Roura conocer casos en los que el paciente le ha manifestado sus deseos de morir; no obstante, es el sufrir el testigo de este reclamo. Cuando el mismo desaparece se disipan también las ansias de fallecer.

El galeno afirma que “si se aplicara la eutanasia en nuestro país tomaría tal envergadura que el paciente no podría decidir por su vida, pues llegaría el momento en que el médico tomará la decisión de matarlo. Este ya no se preocuparía en salvarle la vida, en buscar medios y curas para las enfermedades terminales, solamente se quedarían en la frase de lo suyo no tiene remedio, hay que matarlo

Quizás el parecer del doctor Roura sea el de muchos de los profesionales de la Salud en Cuba; sin embargo, otro tanto se manifiesta a favor de algunas formas de eutanasia. En el año 1998 de la pasada centuria se aplicó una encuesta a un grupo de trabajadores del sector médico, jurídico y poblacional en Sancti Spiritus.

 Fueron encuestados cuarenta y nueve galenos, más de una treintena de juristas y medio centenar de personas. El por ciento entre ellos se manifestó a favor de las diferentes formas de eutanasia como la activa, pasiva, activa indirecta y activa directa.

Yurisey Hechavarría, estudiante universitaria, también expresa su acuerdo con la práctica de la llamada “buena muerte”. Ella refiere que “si una persona con un estado mental adecuado, requisito primordial para tomar esta decisión, elige que la desconecten o le pongan alguna inyección letal por estar aquejado de cáncer u otra enfermedad por sentir un gran dolor, por tratar de no seguir sufriendo, entonces creo que sí se debe tomar la decisión. Un ciudadano tiene derecho a elegir cuándo quiere morir siempre que tenga una causa. Es muy difícil encontrarse en un estado deplorable sin trabajar, sin utilidad para la sociedad, eso es más cruel que morir”.

Tal vez el criterio positivo de estas personas sobre la eutanasia está dado por la concepción de la vida como un derecho inalienable de respeto a la libertad de elección de cada cual. Otros califican esta práctica como un cambio de valores es decir, una alteración de la jerarquía de los mismos

Con respecto al tema católicos también ofrecen sus consideraciones. El Diácono Miguel Ángel Ortiz, de la Iglesia La Merced deja muy claro que ellos no aprueban este comportamiento. El eclesiástico consulta la Carta Encíclica Evangelio de la Vida del Papa Juan Pablo II sobre la cual algunos estudiosos como el Doctor Miguel Antonio Ruiz Antañón, de España, refiere y citamos:

El derecho de la vida es un derecho fundamental porque sobre él se fundan todos los demás derechos. Respetar la verdad de la persona humana en el momento de la vida que nace, significa respetar a Dios que la crea y a la persona humana, tal como Él la crea, y respetar al hombre en su fase final significa respetar el encuentro del hombre con Dios, excluyendo el poder de anticipar esta muerte (eutanasia) o de impedirla a cualquier precio (ensañamiento terapéutico)”.

EUTANASIA ǂ DISTANASIA

Hay conceptos relacionados con la eutanasia que a no pocos suelen confundir. “Nuestra comunidad médica padece, quizás, del hecho que sobrecargamos al enfermo terminal con demasiados tratamientos terapéuticos, hematológicos o fisiológicos para sostenerle la vida, pero no es lo mismo eutanasia que distanasia, esta ocurre cuando se frena la evolución natural e irreversible de la muerte, usted entonces incurre en la distanasia que constituye también un problema ético.

Esta obstinación terapéutica o encarnizamiento terapéutico, es tratar de sostener una vida que no tiene sentido. Hace algún tiempo surgió un nuevo término que se llama inundación de esfuerzo terapéutico, que es sencillamente esperar un momento determinado para quitarle el tratamiento al individuo”- refirió el doctor Roura Carrasco, también Profesor Auxiliar y Máster en Medicina Intensiva del Hospital Universitario.

Es posible que el manejo inadecuado de estos procedimientos por parte de la comunidad médica despierten dudas en familiares y pacientes, en cambio hay una cuestión que deja muy claras las cosas: la principal diferencia entre la eutanasia y la distanasia se revela a través de la omisión y el encarnizamiento.

Cuando es omitida cualquier actividad médica sobre un individuo, cae en una forma de eutanasia que sería la pasiva y si aplican medidas extraordinarias sobre un enfermo, con el único fin de sostenerle la vida por unas horas obstruyendo el paso natural e irremediable de la muerte, provocándole a este más sufrimiento incurre en la inundación de esfuerzo terapéutico.

Por su parte, la Iglesia Católica aprueba la muerte de una persona cuando esta es muy evidente y evaden la aplicación de lo que ellos denominan ensañamiento terapéutico. Según la Carta Encíclica dentro de la protección de la vida en su fase final se encuentra el de procurar una muerte con dignidad o el derecho a morir, que no equivale a anticiparla o a procurarla. Esta terminología puede ser ambigua de ahí la necesidad de aclararla.

Este término de derecho no significa que el hombre tenga la facultad de poner fin a su vida física según su libre decisión, sino que se lleve a cabo con serenidad, dignidad humana y cristiana.

Entre los atentados contra la vida en su fase final, diferente a la eutanasia, se encuentra el ensañamiento terapéutico o distanasia. Este consiste en ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar, o bien, por ser excesivamente gravosas para el paciente o su familia”.

El ensañamiento terapéutico u obstinación terapéutica, se considera gravemente inmoral, pues instrumentaliza a la persona subordinando su dignidad a otros fines, de aquí que sea lícito renunciar al mismo.

En la medicina cubana encontramos otro término muy ligado a la distanasia: la orden de no reanimación que constituye además una cuestión de carácter moral. Según Roura, la orden de no reanimación debe tomarse en colectivo médico, no se determina por una sola persona o por el paciente. En Camagüey no se ha aplicado pues es un tema complejo y a veces no todos poseen el mismo nivel de entendimiento y son capaces de asimilar asuntos como este.

–¿Dónde está el problema de la muerte digna?

En Cuba es un problema el hecho de que la muerte está institucionalizada, –comentó el Dr. Roura–, se concibe que la natalidad se haya institucionalizado por una cuestión del desarrollo, incluso de seguridad para los nacidos. Con el fallecimiento sucede lo siguiente: tenemos el caso de un anciano con una enfermedad terminal, en su última etapa, y desea morir en su casa, en su cama pero como la muerte sigue institucionalizada, entonces todo el mundo quiere que el moribundo muera en el hospital.

¿La institucionalización de la muerte puede conducir a la distanasia?

–La primera manifestación del encarnizamiento terapéutico, sucede cuando una persona llega moribunda a terapia, entonces el médico se ve obligado a aplicarle medidas extraordinarias que solo alargaría el sufrimiento del paciente y la familia, para al final obstruir solo por unas horas, quizás, el término natural de su vida.

¿Qué propone para revertir esta situación?

–Se hace necesario que haya una unidad para el enfermo terminal, porque no todas las familias tienen las mismas posibilidades materiales para proporcionarle al paciente el mínimo de condiciones, sería también una forma para orientar, enseñar a los familiares cómo lidiar con la enfermedad. Sería un área donde los enfermos pasen sus últimos días, y de esa manera limitar el esfuerzo terapéutico innecesario, el cual implica una responsabilidad ética, moral y jurídica sobre el médico, brindándole al enfermo otro tipo de cuidados paliativos, más especializados e individualizados.

¿VIDA O MUERTE?

médicos cubanos/supercuba

La Salud pública cubana está en contra de la eutanasia

La comunidad médica cubana ha dejado claro en diversos escenarios estar en contra de la eutanasia. Nuestros galenos preservan la idea de continuar salvando vidas, de buscar curas, alternativas al dolor y al sufrimiento. Para ellos lo contrario sería rendirse y conformarse a perder vidas que quizás todavía vean la luz al final del túnel.

En otros países la práctica de la eutanasia se incrementa. Hay unos que no desean ver sufrir a un ser querido y apuestan por ella. Otros no cuentan con las posibilidades económicas para mantener a su enfermo en un hospital. También existen médicos que faltando a la sensibilidad y la ética obliga, con excusas baratas, a los pacientes y familiares a tomar esta decisión y como trasfondo de ello se encuentra el convencimiento para la donación de órganos mediante la cual acaparan grandes sumas de dinero.

Sin embargo, la realidad y sociedad cubanas distan mucho de ello. Primero: porque no hay una mentalidad que permita asumir este tipo de prácticas, nuestro pueblo es, por naturaleza, apegado a la familia y a los principios de preservar la vida por encima de todo. Segundo: el sistema de Salud en este país es gratuito y no deja a nadie desamparado.

La vida es lo más bello de un ser humano pero también debemos adaptarnos a la idea de la muerte, proceso natural que a todos corresponde tarde o temprano. No criticamos a aquellos que deseen disponer de sus vidas con o sin ayuda. Tampoco recriminamos a quienes luchen hasta el último aliento. Al final cada cual debe tener claro si para ellos la buena muerte es una cuestión de autonomía o resignación.

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3 comentarios en “¿Buena muerte?: autonomía o resignación

  1. Esto es muy complicado, yo creo que en la medicina moderna es muy importante para el paciente ganar tiempo y es real también que cada enfermo responde de forma diferente a un mismo tratamiento, hay casos insalvables claro, si no la gente no se muriera. pero de todas formas para mi sería muy difícil esta práctica. Yo soy una sobreviviente de cáncer y nunca me pasó por la cabeza acabar con mi vida.
    y cambiando de tema porque todavía esto me es desagradable, ¿dónde está el post Dios también se equivoca? tampoco lo veo en tu blog.

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  2. Pingback: Bitacoras.com

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