La infancia de un periodista cubano

Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene.

                                                                                        José Julián Martí y Pérez

Mola, Minas/supercuba

esta es la escuelita multigradio en la que hice las vías no formales, primer y parte del segundo grado.

Cuando era niño mi pueblo me parecía grande. Imagínense que solo tiene pocos más de 500 personas, más pequeño que la universidad en la que estudio ahora, y para mí era el mundo. Cuando me hablaban de lugares que no conocía, pensaba en lugares extraños con gente diferente y me quedaba pensando siempre  cuando mi mamá me hablaba de calles, avenidas y edificios y aviones.

Ahora cada vez que recuerdo esas cosas no puedo sino reírme de mi ingenuidad de niño. Recuerdo que no tenía muchos juguetes: trompos, bolas y un avión viejo que quedó de los famosos Básicos y dirigidos y que mi hermano no destruyó en sus juegos eran el grueso de mi ludoteca. Tal vez de ahí venga mi “poca habilidad para el deporte” que padezco en la actualidad.

Mi mayor placer era sentarme a la 6 y 30 de la tarde a ver en el Electrón que teníamos en casa los Muñequitos rusos y otros que pasaban, y hasta repetían,  sin falta todas las semanas: Me las pagarás, Lolek y Bolek, Voltus 5, Los Gatos Samurais y otros.

Pero la felicidad no fue completa pues muchas veces el Noticiero Deportivo y los muñes coincidían en el horario y mi padre no entendía de muñes ni nada. “Ponte a ver el deporte o a leer el periódico” eran sus palabras más sensibles para convencerme.

Creanme que odié y detesté por muchos años el Noticiero Nacional Deportivo y el Granma. Con 3 o 4 años que me importaba el fútbol español o las noticias dela OTANy las guerras.

Sin embargo quiero a mi padre como a mi mismo (y eso es mucho créanme) y le agradezco pues lo que cuando pequeño odiaba, ahora en los albores de mi vida profesional, es lo que más me apasiona: el periodismo y el deporte. (aunque todavía no me gusta el Granma)

Así que ya saben, cualquier cosa puede cambiar la vida de unniño, por lo tanto no obligue a su hijo o nieto a leer el Granma ni a ver el noticiero no vaya a ser que cuando crezca le dé por vengarse, cosa que no me sucedió a mí por cierto.

Alberto Manuel León Pacheco

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2 comentarios en “La infancia de un periodista cubano

  1. Qué bueno poder contar con tu naturalidad la infancia que te dio a beber cosas buenas “a la larga”, ya que en los días de infante el método sugerido por tu padre no era lo mejor que esperabas. Gracias por el texto.

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  2. Pingback: La infancia de un periodista cubano « Blogalidad Camagüey

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