Un sí por la Trova cubana

Silvio Rodríguez y Pablo Milanés

Existe una música que te hace pensar y disfrutar al mismo tiempo. Silvio y Pablo la llevan en la sangre

Hubo una vez en la que el trovador Silvio Rodríguez propuso: “Averigüemos de dónde viene el sortilegio que ha conducido el hilo de la canción trovadoresca a través de tres siglos”.

En la actualidad pocas personas podrían contestar esta pregunta, no me incluyo entre ellas y ciertamente no incluyo a muchos de mi generación. La Trova, rica en tradiciones y también portadora de nuestra cubanía, da por momentos  la  triste impresión de quedarse desplazada de la memoria popular por géneros de factura muy comercial, de producción simplona, que solo proponen más de lo mismo.

No nos detendremos en hacer una comparación entre este género musical y otros de producción más actual, eso se lo dejamos a las discusiones en los pasillos y a los críticos e investigadores. Hemos de reconocer que una parte de la juventud cubana disfruta dela Trova tradicional y de los muchos exponentes que han sabido heredar este género de nuestros grandes trovadores y adaptarlos para enfrentarse a los nuevos tiempos.

 No basta con tener una guitarra y sentir en tu pecho el deseo de expresar. Hay que saber disfrutar de la  riqueza musical y espiritual.  Sin embargo, resulta penoso escuchar los comentarios de algunos jóvenes que ridiculizan a los trovadores y los hacen ver como reliquias olvidadas y aulladores, simplemente por el hecho de que ellos prefieren menos “metáfora” y más “a la my love”.

Amigos, no se trata de rechazar un tipo de composición musical por el simple hecho de no ser la que más difunden los medios o la que no remueve todo el cuerpo en las fiestas. Es solo llevar a la práctica el amor a la diversidad de la que tanto hablamos, sobre todo en nuestras escuelas y de no temer a lo extraño.

El gusto va diversificándose según el nivel cultural de cada quien, pues está en correspondencia y matiza lo que se pueda percibir. Los grandes medios de comunicación nos han enseñado sutilmente a pensar igual y han cercenado, aunque no nos parezca, nuestra libertad. Es allí donde conviene recordar el principio martiano  de “ser culto es único modo de ser libre”.

Trova cubana

La trova vive en muchos jóvenes cubanos que sienten por la música algo más que un amor pasajero por la moda musical.

La Trova sigue siendo importante para la cultura. Lamentablemente muchos oídos no quieren escucharla y según pienso, no deberíamos forzarlos a hacerlo, solo hay que orientarlos, hacerlos descubrir que la guitarra acompaña nuestra historia desde siempre, que Matamoros revolucionó la manera de componer, que Silvio y Pablo no son solo voces para actos políticos, que existe alguien que se llamó Noel Nicola; que Frank Delgado, Carlos Varela o Gerardo Alfonso sí son dignos representantes de la música hecha en Cuba; que el mundo es mucho más inmenso que el que ellos conocen.

  Ahora, ¿convendría pensar en seguir rechazándola por completo o al menos hacer un esfuerzo por comprender su importancia? Con la respuesta solo estaríamos al pie de la montaña de contestarle a Silvio cuál ha sido el combustible de este género durante 300 años.

      Por Christian Rodríguez Fernández y Adrián Soca (Estudiantes del Instituto Superior Pedagógico José Martí de Camagüey)

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