Miguel coyula: En el ardor de las memorias

Por Ingrid Castellanos Morell (Estudiante de periodismo)

Lo conocí una noche del Taller de la crítica, después de una violenta cola para penetrar en la pequeña sala de video Nuevo Mundo. En esa ocasión, solo alcancé un pedazo de piso compartido por muchos que, como yo, ansiaban conocer Memorias del Desarrollo. Fue la primera vez que oí hablar de él. Su estética propia, el nuevo lenguaje que proponía me desconcertó.

Después de un año me rencontraba con Miguel Coyula en la misma sala, con la misma película, pero esta vez el director sentado a mi lado. No podía creer que todo lo que veía en la pantalla tenía su origen a tan solo unos centímetros, lograba escuchar transpirar la obra. A mi lado Coyula no parpadeaba, no respiraba, todos sus sentidos en la pantalla como si fuera la primera vez que veía la secuencia. Nada existía en sala oscura, solo él y aquellas imágenes que parecían ajenas a su asombro. Yo tampoco pude decir nada, era un pecado romper el sortilegio. Fue después de encendidas las luces que me animé con la timidez de la admiración a entrevistarle.

¿Cómo llega Miguel Coyula a Memorias del Desarrollo?

Vi la película de Titón cuando tenía 16 años en el televisor, fue la primera película cubana con la que me conecté. Muchas personas tienden a pensar que es la historia de un pequeño burgués que no se adapta al proceso de la Revolución y para mí siempre fue un conflicto existencial mucho más serio. Para mí Sergio es un individuo que no funcionaba en ninguna  sociedad del mundo y que tendía a apartarse de alguna manera, me identifico mucho con Sergio, siempre me quedé con la fantasía de poder hacer algo similar en la sociedad contemporánea. No fue hasta que conocí a Edmundo Desnoes que conocí que existía una segunda parte de la novela y que ya la estaba terminando.

¿Cómo se fusionan en la película tu visión y la de Edmundo Desnoes?

Cuando Desnoes vio la película expresó que agradecía tanta energía y sacrificio de mi parte en esta “traducción” de su obra, así lo llamó. Pero esta no es una adaptación de su novela, ni una versión, sí tiene muchos puntos de encuentros, pero también tiene elementos documentales, como la caída de las Torres Gemelas y otros acontecimientos que me ocurrieron a mí y quise llevarlos a la película que tiene un ritmo muy propio, supera lo que Edmundo o yo pudimos planear.

¿Crees que Memorias del Desarrollo pueda considerarse más universal que Memorias del Subdesarrollo?

No, yo creo que las dos están en un contexto alejado de la historia de Cuba. Quizás Memorias del Desarrollo sea más universal por el hecho que la mayoría de la historia transcurre en los Estados Unidos por eso parte también del problema de la globalización que todo lo que sucede en los Estados Unidos de alguna manera es más conocida. Fue un experimento interesante cuando se expuso la película en la universidad de Los Ángeles porque se le puso a un grupo de alumnos jóvenes, para los que la historia de Memorias del Subdesarrollo eran de otro planeta y también las escenas cubanas de Memorias del Desarrollo eran una realidad que no entendían, eran conceptos, iconografías, que si no estás completamente permeado de ello te quedas en blanco. En cambio sí me dijeron que se conectaban con la película en la parte de Sergio en Estados Unidos y su alienación con el mundo capitalista como  un emigrante más universal. Pero digamos que los primeros minutos de la película que son la historia de la Revolución, a través de la revista Bohemia, son fotografías que por sí solas, para las personas que no estén en contacto directo con Cuba, no significan nada.

¿Cuánto hay de Sergio en Miguel?

Desde un punto de vista marxista se puede interpretar como un individuo que es pasivo porque no toma acción, no participa activamente en la sociedad, pero es un intelectual al fin y al cabo que por el simple hecho de opinar está participando. Yo pudiera transitar los mismos caminos que transita Sergio en cuanto mi alienación, siento que estoy, digamos, harto de la política y de los sistemas políticos en el sentido de que no puedo participar, pero si puedo opinar. Hay un punto de diferencia, el Sergio de la película nace a finales de los 50 pero se desarrolla intelectualmente y entra a formar parte de la estructura de la Revolución, y yo siempre he trabajado independiente nunca he trabajado dentro de una institución, allí hay esta la diferencia. Donde confluyen las dos miradas es en el cinismo que ya tiene Sergio al final de la película con respecto a la manipulación y por allí me identifico mucho con Sergio.

¿No crees que tu película pueda ser utilizada también en ese mismo discurso de la manipulación de opiniones?

No, porque me parece que es una película que critica la cultura de masas en todo momento o sea es un individuo que no solo a nivel político sino también que a nivel cultural tampoco puede insertarse, no puede tener una relación emocional con la sociedad, con la gente, esta es la clave de su conflicto existencial. Si te fijas al final de la película cuando se muda al desierto deja de hacer collage, deja de pensar en off, deja de crear, ahí está la diferencia conmigo yo sí creo todavía en mi capacidad como creador de una obra que tenga un dialogo con la sociedad.

¿No crees que fue un poco pretencioso lanzarte a un proyecto que llevara el antecedente de Tomas Gutiérrez Alea?

Me hubiera parecido pretencioso si hubiera tratado hacer una continuación de estilo y de forma, pero mi sensibilidad es muy diferente a la de Tomás Gutiérrez Alea. A mí lo que siempre me llamó la atención fue el personaje de Sergio, que es punto clave para identificarse con la película. Por eso cuando me enteré que Edmundo estaba escribiendo una segunda parte enseguida salté porque me parecía que el conflicto de Sergio en la primera película no era solo el conflicto de un cubano que no se adapta al proceso de la Revolución sino de un individuo que no funciona en ninguna sociedad del mundo y eso es lo que interesaba explorar, el conflicto del cubano a un nivel global. Este es un profesor que lo invitan a varias universidades para dar conferencias sobre la imagen de la Revolución y es aquí como el cubano es percibido a través de la Revolución perdiendo su individualidad  y es todo el conflicto existencial que esto causa, pero también está el conflicto del ser humano en el mundo desarrollado y la alienación.

¿Cuánto hay de autobiográfico en la novela Memorias?

Para Edmundo la novela es muy autobiográfica de hecho en la novela el personaje se llama Edmundo y no Sergio y tiene 80 años. Claro que en la película trate de ponerlo a mitad de camino, porque yo tengo 33 años, por eso mi Sergio tiene alrededor de 50 años, de alguna manera es un puente entre las dos generaciones porque me parecía bien como nexo para hablar de cuestiones que nos interesaban a mí y a Edmundo. Por un lado yo tengo el cinismo de Sergio pero la historia en cuanto a la política incluso al final de la historia el trata de desprenderse de cualquier atadura política y es un poco como yo me siento , pero la historia personal sí es diferente, el personaje nace en los años 50 y al fin y al cabo entra a trabajar como escritor dentro de las estructuras creadas por la Revolución y yo siempre he trabajado de una manea completamente independiente, sí hay diferencias, pero sí comparto el mismo esceptismo que tiene Sergio.

¿Se puede considerar Memorias como una película política?

En una primera lectura se puede leer como una película política, pero yo creo que la tesis de la historia es en primera que para el personaje no existe política alguna. Si tiene una agenda política la película es estar en contra de todos los sistemas políticos del mundo, porque es al final un individuo que no funciona, en este caso, ni el comunismo, ni en el capitalismo, pero estoy seguro que tampoco funcionaria ni el feudalismo, ni en el esclavismo, ni en la comunidad primitiva.

¿Y cómo una película revolucionaria?

Desde el punto de vista político no, porque es una película que no da soluciones, genera preguntas pero no le da respuestas. No sé si a nivel estético, ya eso les tocara a los críticos. Yo lo que traté de hacer una película que reflejara el lenguaje de la memoria tanto personal como histórica, hilvanar esas dos cosas. Trato de narrar los conflictos de mi generación.

¿Y no le temes caer en algún momento en el estado que cayó el Sergio de tu película?

Es posible que al final de mi vida me encuentre con estas decepciones pero trato de combatirlo lo más posible, pero eso nunca se sabe.

Tus filmes tienen una pesada carga semiótica y filosófica ¿Haces cine para una minoría o para un público de toda clase?

Más que nada trato de hacer la película que yo quisiera ir a ver como espectador, no pienso en una mayoría ni respondo a sus preceptos. Hago películas porque quiero contar algo, porque pienso que tengo algo que decir, y creo que existen quienes compartan mis ideas, no me considero un mesías, ni un ente activo en esta sociedad, más bien creo que mi acción es a través de mi creación. Me interesa hacer un cine que no termine cuando se enciendan las luces sino que siga en la mente de los espectadores, no lo hago para entretener ni para complacer a nadie. En la novela hay influencias existencialistas de La náusea, El extranjero, y de Memorias desde el subsuelo, de hecho estas dos últimas novelas fueron puntos clave para Edmundo Desnoes como inspiración para Sergio. Son individuos que son vehículos ideales para analizar la sociedad porque no están conformes nunca, se quejan constantemente de todo y por eso son ideales para analizar la sociedad con ojo muy crítico.

¿Cuándo decides ser director de cine?

Fue accidental, yo había hecho historietas y también había hecho cuentos pero no fue hasta los 16 años cuando mi tía que vivía en Miami trae una cámara de video VHS, empecé a filmar y  esa fue la revelación de lo que quería ser. Anterior a eso la posibilidad era tan remota que nunca me había pasado por la cabeza pero un vez que hice mi primer cortometraje para mí estuvo clarísimo de que eso era lo que quería hacer, que sirvieron de base para entrar a la escuela internacional de cine, fue un entrenamiento muy duro en el sentido de que no podía editar, tenía que filmar cronológicamente y eso me enseñó a utilizar también la gramática visual que después he seguido utilizando, después que hay un corte es un encuadre diferente, eso lo tomé también de la historieta. Cada panel debe ser diferente porque estás expresando un historia no solo a nivel de diálogo sino visualmente.

¿Cuánto aportó la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños a tu formación como cineasta?

A hacer cine se aprende haciendo. En la escuela pude trabajar en 35 milímetros, en 16 milímetros, en todos los formatos, aun para saber que no me interesaba filmar en cine o con un equipo de filmación grande, pero por lo menos me sirvió para conocerlo. Fue importante porque digamos que cuando uno hace la tesis la escuela funciona como la industria y a mí eso no me interesaba, para mí el cine independiente debe serlo hasta el extremo, y eso también fue un choque porque la escuela te obliga a trabajar con un editor, un fotógrafo, un sonidista y un productor y a mí me interesa construir la película con mis propias manos tener un diálogo directo con el material.

O sea que tú ves a tus películas como un producto individual, como mismo puede ver el escritor su libro.

Esa es la meta convertir la cámara en una extensión de tu brazo, lo mismo que la pluma para el escritor o el pincel para el pintor. Claro que siempre necesitas actor y locaciones para hacer lo más corto posible la distancia entre la idea que surge y su ejecución. Nadie puede saber mejor que yo qué quiero como director lograr en la filmación, en la edición y en sentido general de la obra.

¿Cómo valoras la formación actualmente de las escuelas de cine de Cuba?

Imagínate que hace 10 años que vivo fuera, sí me ha pasado en los Estados Unidos que he ido a escuelas de cine donde sus estudiantes ni siquiera han visto el Ciudadano Kane. Sí noto que hay, no un desprecio, sino una apatía por parte de los jóvenes hacia la historia del cine, mira por ejemplo cuando se estrenó Memorias del Desarrollo, en el Festival de Sundance, la programadora  del evento conocía a Titón a través de Fresa y Chocolate pero a Memorias del Subdesarrollo no la conocía , es como que a partir de cierta etapa se empieza a olvidar la historia y a mí me parece que es importante porque el estilo nuestro es ya un híbrido, es tomar todas la influencias que se han creado a lo largo de la historia del cine y tratar de construir un estilo propio basado en todo lo anterior, creo que sí se está perdiendo ese afán de aprender de lo que ya existe.

 

¿Cómo llegas a Nueva York?

Me ofrecen una beca durante mi primer viaje a los Estados Unidos en el Lee Strasberg Theatre Institute, que es una filial del Actor’s Estudio. Fue atractivo estos años porque, aunque no me interesa actuar, estar detrás de la cámara te ayuda a entender cómo piensa el actor. Entender la psicología del actor y lograr sacarle el mayor provecho es importante para obtener un personaje verosímil.

Háblame un poco de la nueva película que estas preparando.

Se llama Camino Azul, (Blue Road) es una continuación de Cucarachas Rojas, básicamente el tema es la clonación de seres humanos en un futuro no muy lejano por no decir en una realidad alternativa, es un mundo donde la gente que tiene mayor poder adquisitivo empieza a alterar genéticamente a sus hijos para que sean más inteligentes, más bonitos, más fuertes y empiezan a desplazar, entre comilla, a los normales. La tesis de la película gira entorno de qué es la perfección y qué es la imperfección y si la perfección es una imperfección en sí.

¿Cuál es tu opinión sobre el cine que se está realizando en la isla?

Me parece que el cine cubano y el llamado nuevo cine latinoamericano dejaron de ser nuevo cine. En los años 60 sí lo eran pero yo creo que se está adoptando una estética demasiado convencional y lamentablemente esa es la estética que se entiende por moderno, para mí realmente el cine más interesante, no solo en Cuba sino mundialmente, es el que se hizo en los años 60 y 70 porque a nivel global eran muchos los cineastas que buscaban cosas nuevas y se influenciaban  unos a los otros. Ahora es más difícil, los tiempos han cambiado y siempre hay un interés para complacer al gran público, por vender. Yo siempre he dicho que si uno va hacer cine independiente tiene que sacar partido del hecho de no rendirle cuentas a nadie. Creo también que un problema del cine cubano de los últimos tiempos es que son coproducciones y las imágenes que quieren ver la gente que pone la plata son las imágenes clásicas del cubano la película tiene que tener la mulata, el ron, la playa, el folklor y el color local. Después de la caída del campo socialista es difícil prescindir de esto, hay excepciones como Fernando Pérez que ha logrado hacer un cine personal y auténtico, pero que los casos sean pocos, es triste. Bueno también existen los cineastas independientes como Jorge Molina que trabaja fuera de los circuitos tradicionales de producción y  como una propuesta estética diferente a lo establecido.

¿Consideras que el cine independiente sea un camino para la audacia intelectual de los cineastas cubanos, si tomamos las limitaciones económicas?

Si yo creo que sí, es que hay mucha gente haciendo cine independiente lo que pasa es que son independientes desde el punto económico pero utilizan fórmulas que ya existen y yo creo que el cine independiente debe ser independiente desde el punto de vista de espíritu y de estética sobre todo. No haces nada si repites lo que ves de la gran industria y tratas de parecerte visualmente a las grandes producciones.

¿De los autores en la historia del cine cuales son los que más han influido en tu obra?

Lo primero fue desde que era niño el dibujo animado japonés, porque a diferencia de Disney que dibujaban a 24 cuadros por segundo, ellos tenían presupuesto para eso, el japonés se concentraba más en el diseño del montaje y en el diseño visual para contar las historias, y eso fue a nivel de concepción de montaje lo primero que me marcó cuando tenía 7 años. Esta estética me ayudó a definir mi estilo. Luego empecé a ver mucho cine, Tarkosky me gusta mucho, Antonioni. Mi estilo es un poco híbrido yo trato de tomar lo que más me gusta de todo lo que veo y de algunos directores.

¿Qué significa la ciudad de Camagüey para Coyula?

En Camagüey tuve mi primer festival en el Almacén de la Imagen en el año 1999, fue el primer premio que me dieron en mi vida. También Camagüey en ese momento fue una tabla de salvación porque llegó en una época que me hacía mucha falta porque en ese momento me querían botar de la escuela de cine, algunos profesor decían que yo era el peor alumno de toda la historia de la escuela y Camagüey vino un poco a reivindicarme.

Algunas personas no conocen cuál es tu nexo con Mario Coyula, ¿pudieras hablarme un poco sobre Mario?

Ah, ese es mi papá.

¿Cómo influyó en tu formación?

Como arquitecto que es, llevó el arte a la casa. En la casa siempre se estaba hablando de pintura, de arquitectura, y eso fue una disciplina desde muy temprana edad fue muy bueno oírlo hablar, comentar sus opiniones, principalmente de corte cinematográfico. De hecho yo estudié Diseño Gráfico antes de entrar a la escuela de cine que también lo utilicé en toda mi obra principalmente en la animación.

¿Qué es el cine para ti?

Para mí el cine es la salvación sino pudiera hacer cine me hubiera vuelto loco para mí es la válvula de escape de la realidad diaria, es el momento, lo único donde tengo el control absoluto y entonces uno se vuelve el creador total en tu universo.

¿En qué cree Miguel?

Yo creo en el arte porque es sobre lo único que puedo tener un control absoluto. Yo creo que es como se siente mi generación en el sentido de que todos nos sentimos manipulados en algún momento y el arte viene siendo la salvación, el escape. El elemento de mi vida del que tengo control absoluto y con el trato de de interpretar mi visión del mundo.

¿Te consideras un individuo intenso?

No lo sé, un parte de mi sí y otra no. A veces actúo de manera muy impulsiva y otras me retraigo mucho de la sociedad. Ahora estaba leyendo precisamente el Lobo Estepario donde precisamente habla de un personaje donde confluía a la misma vez un hombre y un lobo, yo creo que tiendo a ser una persona pasiva que en algún momento exploto, pero es generalmente una ansiedad interior que vuelco hacia mis películas. Hay un escritor inglés que dice que está viviendo vidas de una desesperación tranquila, en ese sentido yo siento una alienación constante. No me considero un hombre intenso, más bien trato de que mi obra lo sea.

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