Por: Yanet Pérez Moya, Greter Cepero González y Leonardo Vela Mayo.

Cuanto mas envejecemos, más necesitamos estar ocupados. Es preferible morir antes que arrastrar ociosamente una vejez insípida. Trabajar es vivir. VOLTAIRE.
En unos pocos años Cuba será el país más envejecido de América Latina y en cuatro décadas se ubicará entre los 11 primeros del mundo. Será entonces que el número de personas en edad laboral va a ser menor y que los adultos mayores, como parte representativa de la población tengan que evaluar seriamente la posibilidad de mantenerse trabajando o de volver a hacerlo para sostener el equilibrio social y económico alcanzado. Ello implica pensar en las condiciones que actualmente amparan a los jubilados que se mantienen trabajando, ya sea en su profesión de origen o en una distinta, comprender su situación y estar al tanto del respaldo legal que les brinda el Estado.
Para una comprensión más amplia es necesario reflexionar sobre qué es la vejez, a partir de qué edad está determinada, qué factores la condicionan, cuáles son las características que asume en Cuba, en qué circunstancias la afrontan los cubanos y cómo podría atenuarse su impacto en las personas que llegan a ella y sobre todo qué impacto tiene para un trabajador que se jubila.
No podría decirse que existe una edad que delimite el trance a la vejez, ni médicos ni sicólogos han definido este período con otras herramientas que no sea el análisis de los casos particulares. Como consenso se establece que una persona ha envejecido cuando se aprecian en ella involuciones orgánicas, tales como fallos mentales y físicos que generan el predominio del fenómeno destructivo-progresivo sobre el constructivo. Aunque algunos sicólogos tienden a observar los cambios pertinentes a sus ciencia hacia la vejez después de los 65 años. Ver artículo completo »

