Raúl Alejandro del Pino Salfrán
Hasta hace unas pocas semanas la Televisión Cubana exhibió una serie de excelente factura bajo el título de “Juego de Tronos”. Una producción norteamericana de ficción donde varias familias nobles de la Europa medieval luchan por la corona de un reino que le hace algunos guiños, tanto geográfica como políticamente, a la Gran Bretaña de esa época.
En los tiempos actuales, numerosos medios de comunicación en todo el mundo le brindan una exhaustiva cobertura a otro tipo de programa, basado en la realidad, pero con los mismos elementos del espectáculo “hollywoodense” que luce la mencionada secuencia.
Un “reality show” que cada cuatro años estrena una nueva temporada y en donde los protagonistas se disputan el cargo político más poderoso de la vida real.
Precisamente, todo el proceso eleccionario de los Estados Unidos bien pudiera llamarse de la misma forma que el exitoso serial televiso, porque en su esencia no es más que otra batalla entre los dos grandes grupos de poder de ese país por agenciarse el título gubernamental de más importancia en el planeta.
A diferencia de lo que usted pudiera pensar, el contraste más marcado entre la historia de ficción y la real no está en el vestuario o las armas de combate, sino en el carácter y las mañas que emplean los aspirantes al trono. Ver artículo completo »



