Mahatma Gandhi

Gandhi sí fue un verdadero luchador pacífico por los derechos de su pueblo.

Alberto Manuel León Pacheco
Siempre he considerado la vida como algo sagrado que todo ser humano debe cuidar y ayudar a proteger la de los demás. Por eso veo las personas que atentan contra su existencia de forma intencional como seres sin sentido común o incapaces de solucionar sus problemas de forma normal.
Una de esas formas de atentar contra sí mismo son las huelgas de hambre. En la escuela me enseñaron de hombres que hicieron huelgas de hambre en señal de protesta contra injusticias en sus países.
El uso de las huelga de hambre como método de lucha es tan antiguo como los motivos que las provocan. Muchos hombres se llenaron de gloria al emplear  las huelgas de hambre para lograr un bien para su pueblo.
De Cuba, el caso que más admiré siempre, fue Julio Antonio Mella. Este joven, con la misma edad que tengo ahora, aproximadamente, estuvo 22 días en huelga de hambre contra el tirano Gerardo Machado que masacró y reprimió a los cubanos durante varios años.
Otro ejemplo digno para mí, es del líder pacífico Mahatma Gandhi. (Mohandas Karamchand Gandhi; Porbandar, 1869 – Delhi, 1948) que mediante la desobediencia pacífica y una personalidad insobornable logro unir a su pueblo contra el colonialismo inglés. Gandhi realizó 16 ayunos, que quebraron su salud pero no su fuerza de lucha, para convocar y concientizar a sus compatriotas a unirse sin diferencias de origen o casta social para expulsar a la metrópolis.
Ambos fueron ciudadanos lucharon por motivos  justos y sus instrumentos de lucha están justificados por la opresión y miseria que vivía sus pueblos en ese momento. Amén de su justificación, es necesario decir que el sacrificio de los ayunadores es grande y no solo es personal sino que implica también a familia y seres queridos por el dolor y el peligro a que se expone el huelguista.
En los últimos tiempos en Cuba se está dando el caso de ciertos ciudadanos que desde una posición contraria al gobierno, han empleado este método para llamar la atención internacional. El episodio que popularizó esta modalidad fue la muerte de Orlando Zapata Tamayo.
Zapata era un preso común que inició su actividad delictiva en 1988. Procesado por los delitos de “violación de domicilio” (1993), “lesiones menos graves” (2000), “estafa” (2000), “lesiones y tenencia de arma blanca” (2000: heridas y fractura lineal de cráneo al ciudadano Leonardo Simón, con el empleo de un machete), “alteración del orden” y “desórdenes públicos” (2002), entre otras causas en nada vinculadas a la política, fue liberado bajo fianza el 9 de marzo de 2003 y volvió a delinquir el 20 del propio mes.
Dados sus antecedentes y condición penal, fue condenado esta vez a 3 años de cárcel, pero la sentencia inicial se amplió de forma considerable en los años siguientes por su conducta agresiva en prisión.
Por supuesto que un elemento así  había que incorporarlo a la “causa” y zapata se convirtió entonces, en un duro luchador contrarrevolucionario. Pero quedó claro que fue manipulado para que mantuviera una huelga de hambre sin importar que muriera. Lo que valía era la publicidad en la prensa internacional. Eso demuestra el poco valor que le dieron a su vida sus compañeros de “lucha”. Todos lo instigaron a que siguiera y a nadie le importó que su vida pudiera peligrar.
En el reportaje de la Televisión cubana pudimos ver como Reyna Luisa Tamayo prefirió ir a una conferencia de prensa antes de quedarse con su hijo. Después de su muerte sobrevino una “ola mundial de indignación”. Al fin la contra cubana tenía un mártir para su lucha.
A admirar y glorificar un delincuente se ha rebajado una oposición llena de grupos sin membresía y sin líderes inteligentes y aglutinadores. Eso demuestra el nivel de “compromiso y entrega” que tienen sus integrantes, cuando tienen que acudir a un hombre violento para lograr algo de atención de una prensa mundial aburrida de las denuncias por violaciones a los derechos humanos y de la represión inexistente en las calles cubanas.
Después vino otra estrella a robarse el show: Guillermo Fariñas. El Coco “se montó en el carro” de las huelgas al ver que iba tan bien el negocio. Estuvo unos cuantos días ingresado en Hospitales y eso fortaleció su imagen en la disidencia.
Ahora bien, qué diferencia hay entre estos luchadores y los que mencioné al principio. La respuesta es simple: abismal. Mientras Mella y Gandhi luchaban contra el colonialismo y los tiranos que asolaban su país. Estos disidentes ayunan por un televisor, cocina, teléfono y la liberación de sus “hermanos” presos.
En los últimos años se convirtió en una moda peligrosa que cada cierto tiempo se reúne un  grupo de disidentes y hacen un “ayuno voluntario”. Elizardo Sánchez, Marta Beatriz Roque, Oswaldo Payá y muchos cabecillas han tenido su huelguita. Es como si hacer huelga de hambre se convierta en una carta de  presentación para el ambiente opositor.
Gracias a estos malos ejemplos, a los que se suman otros ayunos que se han dado en el seno de la oposición, pero con menos repercusión mediática, han hecho que un gesto tan noble y  digno de admirar por todos sea usado para fines inescrupulosos y sin un objetivo humano.

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